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Jeff Koons instala su circo en Nueva York

Jeff Koons instala su circo en Nueva York

El Whitney Museum acoge la primera retrospectiva en la ciudad del artista vivo más cotizado del mundo.


El momento en el que no funciona el rotulador cuando a alguien le piden que firme un autógrafo es incómodo. Pero Jeff Koons, el artista vivo más cotizado del mundo, no se pone nervioso. Con paciencia, rodeado de dos docenas de periodistas, deja que la tinta caiga con lentitud desde el cargador hacia la punta porosa. «¿Para Mark? ¿M-A-R-K?», pregunta con voz suave y monótona. «Exacto», responde satisfecha su entrevistadora-fan. En medio de la siguiente respuesta, Koons recibe un póster de su famosa escultura de Michael Jackson. Otra firma. Los periodistas quieren su garabato en las carpetas de prensa, en camisetas. Le requieren fotografías individuales, en grupo, en parejas. Le asaltan con «selfies».


Koons lo acepta todo con movimientos lentos y una sonrisa amplia esculpida en su cara. Es una «estrella del rock» –aunque lo suyo es más pop– en el mundo del arte. Es, con perdón de Damien Hirst, el artista más conocido del mundo. Es un genio de la mercadotecnia –un lugar hasta el que ha alargado su arte como si fuera un chicle de fresa ácida– que sabe que vive un momento histórico: la presentación de su primera retrospectiva en Nueva York.


Sucede en el Whitney Museum, la gran institución neoyorquina del arte moderno y contemporáneo estadounidense. Es la exposición con la que el museo bajará la persiana de su actual sede en el Upper East Side. La primavera que viene se traslada al sur de Manhattan, en la orilla del Hudson. El edificio, diseñado por Renzo Piano, pescará nuevos visitantes entre los turistas que pasean por el parque elevado High Line o por las calles del West Village. Pero, mientras tanto, el viejo diseño de Marcel Breuer, con su fachada de escalera invertida, disfrutará hasta el 19 de octubre de la exposición que más expectación ha levantado en Nueva York en los últimos meses. Es una muestra con cerca de 150 obras, que repasa la carrera de Koons de manera cronológica.


No ha faltado la autopromoción, cuidada hasta el último detalle, que el artista adopta en las grandes ocasiones. Con motivo de la muestra, también se ha instalado su escultura «Split-Rocker» en el Rockefeller Center y se ha estrenado una colaboración con la firma de moda H&M –una línea de bolsos firmados por el artista–. Para captar más atención, si es que era necesaria, Koons apareció desnudo, fotografiado por Annie Leibovitz levantando pesas en su gimnasio privado, en el último número de «Vanity Fair». Él fue uno de los primeros artistas que no sólo forzó el diálogo entre arte y negocios, sino que lo convirtió en su práctica artística. Ya al comienzo de su carrera, al principio de los 80, inauguró su exposición «XXX» –varias de esas obras están ahora en el Whitney– en Nueva York, Chicago y Colonia a la vez, para disparar la atención.


Su maestría comercial es responsable en parte de que el precio de sus obras se haya disparado en el mercado del arte. El pasado mes de noviembre se convirtió en el artista contemporáneo más cotizado después de que Christie’s vendiera uno de sus perros hinchables (de color naranja) por 58,5 millones de dólares. ¿Le afectan de alguna manera, a él o a su carrera, los precios de sus obras? «No soy ingenuo y entiendo que eso es bueno para aspectos como la preservación de mis obras», contesta Koons a ABC al lado de uno de sus célebres perritos (esta vez amarillo), en el último piso del museo. «Pero el valor real del arte viene de cómo te afecta como persona, por la posibilidad de añadir valor a tu vida, de sentir tu existencia, de expandir tus parámetros y convertirte en un mejor ser humano».


Piezas icónicas.

La exposición abarca todas las galerías del Whitney, algo que el museo no había hecho con ningún otro artista. En ellas se observa la evolución durante tres décadas de un artista dedicado a desafiar fronteras: ¿Qué es arte y qué es negocio? ¿Cuál es la diferencia entre la cultura popular y el arte? ¿Quién define el gusto artístico? No faltan ninguna de sus piezas icónicas: los balones de baloncesto suspendidos en líquido de «Equilibrium», su primera exposición individual, celebrada en Nueva York en 1985; la escultura «Michael Jackson and Bubbles», uno de los símbolos de su constante interpretación de la cultura de masas; la polémica serie «Made in Heaven», en la que se fotografió en posturas pornográficas con la que entonces era su mujer, la actriz porno y política italiana Ilona Staller (más conocida como Cicciolina); sus bodegones posmodernos con colores eléctricos de mediados de los 90, o sus omnipresentes esculturas con acero inoxidable, que, además de su valor artístico, son muy utilizadas para reflejarse en una fotografía. «He disfrutado cada momento de este proceso», reconoce Koons sobre los años invertidos en llevar a cabo este proyecto en el Whitney. «Y lo disfruto porque realmente creo en el arte, en su trascendencia».


Seguros elevadísimos.

Los responsables del museo también han tenido que creer. No es casualidad que se trate de la primera retrospectiva del artista en la ciudad. Además de lidiar con el célebre perfeccionismo de Koons, los administradores del museo han tenido que pagar los seguros más altos para una exposición en la historia del Whitney y pelearse con la dimensión y el peso de algunas de sus obras. Entre las más complicadas están «Play-Doh», una montaña de aluminio gigantesca que imita un montón de plastilina que su hijo hizo hace veinte años, y «Gorilla», una escultura de granito de 6.800 kilos. «Es como meter el barco en la botella treinta veces», confesó a «The New York Times» durante los preparativos Graham Miles, del Whitney, que colaboró con el ejército de cien asistentes que trabajan en el estudio de Koons.


La exposición estará abierta hasta el 19 de octubre –luego viajará al Centro Pompidou de París y al Guggenheim de Bilbao–, pero Koons asegura que le queda mucha gasolina: «Espero dedicar otras tres décadas a crear arte y para ejercitar mi libertad», y recordó que muchas de las obras «más vibrantes» de Picasso las realizó al final de su vida. Mientras tanto, solo pide al público que se acerque al Whitney que no se sienta «intimidado» por su obra: «Sólo tienen que ponerse delante del objeto y dejar que este actúe como transmisor. Sentirán el arte dentro de ellos», explica antes de firmar más autógrafos.


Fuente ABC (JAVIER ANSORENA / NUEVA YORK): Jeff Koons instala su circo en Nueva York...
Compartir | Recomendar Noticia | Fuente: ABC (JAVIER ANSORENA / NUEVA YORK) | Fecha: 02/07/2014 | Ver todas las noticias



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