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El escondite de los mil Picassos

El escondite de los mil Picassos

No es un museo sino un puerto franco a las afueras de Ginebra con, al menos, 1,2 millones de piezas artísticas.


Se sospecha que esta inmensa caja fuerte hasta podría albergar el valiosísimo 'Garçon à la pipe' de Picasso.


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En la imagen: sede central del Puerto Franco de Ginebra (Suiza), ubicado en el barrio de La Praille. Se sospecha de su uso para lavado de dinero y evasión de impuestos. PORTS FRANCS & ENTREPÔTS DE GENÈVE, S.A.


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El puerto franco de Ginebra es horrible de día. Gris y austero, no comparte nada del color que tiene la llamada ciudad más verde de Europa. Quizás algún contenedor alegra la vista por el exterior. Pero es una mascarada. En su interior se esconde una hermosura incomparable. O hermosuras más bien. Como las mil obras de Picasso que atesora. Este almacén de seis plantas es uno de los museos más completos del mundo. En él están albergadas más de un millón de obras que -probablemente- nunca lleguen a ser vistas por el gran público. Se trata de piezas que compran coleccionistas y multimillonarios como inversión y las resguardan libres de impuestos en Suiza.


¿Se ha cuantificado el número de piezas que están tras sus gruesas paredes y las más sofisticadas medidas de seguridad? De acuerdo con la revista especializada en arte, "Connaissances des Arts", el Puerto Franco de Ginebra (La Praille), almacena un total de 1,2 millones de obras. Y ese informe ya data de hace tres años. El Puerto Franco de Ginebra, el más grande del país, se acerca a los 130 años de existencia. Su principal propietario es el cantón de Ginebra. Originalmente, las zonas francas se crearon en Suiza para almacenar todo tipo de mercancías; sin embargo, hoy en día se han especializado en bienes de lujo. Especialmente del mundo del arte. Con la sombra de la sospecha de ser utilizados para el lavado de dinero y evasión de impuestos, como apunta Nathalie Gratwohl, periodista del diario suizo "NZZ".


¿Qué obras resguarda este controvertido museo-puerto franco? En un reciente reportaje publicado por "The New York Times" ("NYT") se hace referencia a algunas con gran valor histórico y artístico. Hay tesoros que se remontan a los tiempos de la antigua Roma, a la época etrusca, así como obras clásicas de maestros de pintura antiguos o artistas vanguardistas. Se sabe que el multimillonario ruso Dmitry Rybolovlev, solo él, tiene una colección valorada en 2.000 millones de dólares en este lugar. Y es sólo un ejemplo. Entre las piezas que se han desvelado están en el puerto franco, las hay de los más grandes. Como "Serpientes de agua II" de Gustav Klimt, adquirido por 184 millones de dólares. También "Salvator Mundi" de Leonardo da Vinci. O Rothko, Van Gogh, Renoir... Así como algunas más contemporáneas, de creadores como Warhol o Jeff Koons...


Y mucho arte ligado a la historia de España. Como "San Sebastián" de El Greco (Doménikos Theotokópoulos, el genial pintor fallecido en Toledo). Joan Miró es otro artista que figura en sus registros. Pero el que se lleva la palma es Pablo Picasso. De él están pinturas como "Les Noces de Pierrette" (cuyo dueño es el ya citado oligarca ruso Dmitry Rybolovlev). O "Petit Pierrot aux Fleurs", "el retrato de su hijo Paolo en un traje de arlequín, una de las cerca de 4.500 obras que la familia Nahmad, de marchantes de arte de Londres, habían escondido en el Puerto Libre de Ginebra", describe el "NYT". Hay que sumarle "un retrato de la segunda esposa de Picasso, Jacqueline, por el artista, junto con 78 de sus otros trabajos, enviados por su hijastra, Catherine Hutin, para el Puerto Libre de Ginebra en 2012, según documentos legales". Así hasta alcanzar las 1.000 piezas. Y ya apuntan a multiplicar por cuatro las que cobija el Museo Picasso de Málaga (285)...


Un caso adicional es su "Garçon à la pipe" ("Muchacho con pipa"), subastado en 2004 por el precio récord de 107 millones de dólares, desaparecido desde entonces y del que hay serias sospechas de que está en La Praille.


Pero así como llegan las obras de arte de precios estratósfericos, en cantidades excesivas, también rondan los problemas. A inicios de este año, la policía italiana descubrió en Ginebra unos sarcófagos etruscos que formaban parte de una serie de robos. Y se habían conservado durante años en 45 cajas enormes en Ginebra... Desde noviembre, la empresa operadora se ha visto obligada a diseñar nuevas y más transparentes medidas que disminuyan el riesgo de lavado de dinero. Se va a controlar sistemáticamente la reputación de los inquilinos. Aumentan las dificultades para subarrendar el espacio (que vale hoy unos 150 euros el m2 por mes) y también se incrementan los controles de seguridad. Alain Decrausaz, director del Puerto de Ginebra, declaraba, en mayo pasado: "Respetamos la legislación y exigimos el mismo comportamiento de nuestros inquilinos y sus clientes". Uno de sus principales y más polémicos es Yves Bouvier, dueño de la empresa "Natural Le Coultre", especializada en la conservación y almacenamiento de obras de arte...


El nombre de Bouvier está asociado a España por ser el marchante del barón Thyssen (justamente compró en el puerto franco un Paul Gauguin: "Idas y venidas"). Y, muy especialmente, por el caso Púnica del ex secretario general del PP, Francisco Granados y del constructor madrileño David Marjaliza. En abril, las oficinas de "Natural Le Coultre" fueron inspeccionadas a petición de la corte española. Como explica el portal helvético rts.ch, "los agentes buscaban obras que supuestamente fueron utilizadas para el blanqueo de dinero. De acuerdo con la justicia española, se organizó una venta ficticia para repatriar el dinero a España". El contratista había vendido 28 pinturas, cinco esculturas y fotografías entre dos empresas españolas y una compañía offshore. Algunas de las obras implicadas y almacenadas en La Praille son: "Furor Penellis", de Miquel Barceló; "Triptyque au graffitis + Quadriculat", de Antoni Tápies; "Lurra Circa 1980", de Eduardo Chillida... La operación ha permitido retornar a España más de 4,2 millones de euros.


Otro de los dilemas de la existencia de un lugar como éste es que este patrimonio artístico no se exhiba masivamente hoy. Y quizás no suceda nunca. El director del Louvre, Jean-Luc Martínez es contundente: "Las obras de arte se crean para ser vistas", señala en declaraciones al "NYT". Discrepa la artista y crítica de arte, Johanna Franco: "Cuando pinto un cuadro, ya lo hice y me puedo desprender de él. Obviamente me encantaría que esté en algún sitio donde sea apreciado, ya que al realizarlo busco decir algo; al mismo tiempo, soy consciente de que no hay espacio en esta Tierra para mostrar todo al mismo tiempo", asegura a "Crónica" esta venezolana, radicada en Suiza.


¿Por qué los ricos eligen esta manera, este lugar, para conservar sus tesoros? En una entrevista en el diario "Le Temps", de Ginebra, Christine Sayegh, abogada portuaria, explicaba que "fiscalmente, este tipo de puertos ofrecen la ventaja de no cobrar ni derechos de aduana ni impuestos a sus usuarios. Esto implica que un bien puede ser almacenado por tiempo ilimitado a un costo mínimo. Una pintura puede ser transportada por avión hasta Ginebra y quedarse aquí años sin pagar tasa alguna. Cuando los bienes se encuentran en un puerto franco, el propietario está exento del pago del impuesto a la importación y solo tributará cuando el objeto llegue a su destino final. Pero si logra vender la obra directamente en las instalaciones del puerto franco, el propietario no pagará ningún gravamen por la transacción. Es solo cuando un bien abandona un puerto franco que debe ser valuado y gravado".


El puerto franco de Ginebra es de los más grandes del mundo. Tiene la extensión de 22 campos de fútbol, con una ocupación casi completa. Además de los beneficios fiscales, estos puertos ofrecen servicios similares a los que se entienden como secreto bancario suizo: discreción y seguridad. Además, La Praille es la bodega de vinos más grande del planeta. Como apuntan diversas revistas especializadas, alrededor de tres millones de botellas, la mayoría de Burdeos, reposan serenamente en cajas de madera apiladas bajo las bóvedas. Un maridaje de lujo. En la gris edificación que oculta el color de los picassos, mirós, grecos...



Fuente : Cristina Z. Albuja | Zurich; Martín Mucha | Madrid (El Mundo): El escondite de los mil Picassos...
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